83 Minutos de Nada, Uno de Todo
(image via Ricky Vega)
Setenta y un grados, lluvia y 17,253 almas vestidas de naranja. Shell Energy Stadium tenía todo para una noche memorable, y lo fue, aunque no de la manera que nadie en Houston quería recordar.
El Dynamo dominó. Presionó. Generó. Trece disparos, nueve esquinas, ocasiones que en cualquier otra noche habrían terminado en gol. Guilherme fue el protagonista trágico de la jornada: dos mano a mano contra Andrew Thomas, dos veces bloqueado por el portero de Seattle con paradas de otro mundo. Bogusz casi abre el marcador al 9. Holmes y Ennali encontraron espacios en el tercio final una y otra vez. Felipe Andrade, señalado por el propio entrenador, tuvo su mejor partido con la camiseta naranja.
Pero Houston no anotó.
Y en el minuto 83, Jordan Morris asistió a Paul Rothrock para marcar el único gol del partido. Uno de seis disparos totales de Seattle. Uno de dos al arco. Con eso fue suficiente.
Ben Olsen lo dijo sin rodeos después del pitazo final: “Fue nuestro mejor rendimiento del año. Fuimos el mejor equipo en el campo, pero no lo ganamos. No fuimos lo suficientemente inteligentes ni tuvimos la calidad en los momentos decisivos.” Antonio Carlos, más lamentativo y más dolido, lo resumió en una sola frase: “No fue nuestra noche. En esta liga, cada punto es crucial.”
El problema es que ya van tres noches así. Houston cae al décimo lugar de la Conferencia Oeste con apenas seis puntos en cinco partidos —dos victorias, tres derrotas, cero empates— y una diferencia de goles de -2. El equipo que gana 3-2 y pierde 4-3 y 0-1; que seduce y desespera en igual medida. Brillante en los pasajes, frágil en los detalles.
Lo que viene no da tregua: Colorado el fin de semana, y luego El Paso en la US Open Cup. Olsen ya lo sabe, Carlos ya lo repite: hay que trabajar. Hay que mejorar la definición. Hay que traducir el dominio en puntos antes de que la tabla se vuelva demasiado empinada para escalar.
Esta ciudad tiene memoria larga. Sabe lo que es sufrir y sabe lo que es ganar. El Movimiento Naranja no se apaga con una tormenta de abril.
Pero también sabe que el tiempo corre. Y esta noche, corrió en la dirección equivocada.

