(image via Houston Dynamo FC)
Hay semanas que se explican con un solo nombre, y esta fue la de Jonathan Bond. Dos partidos, dos vallas invictas, once atajadas en total y un récord que se empareja con el de Tally Hall y Steve Clark. Houston no jugó a lo grande en ninguno de los dos, pero salió de la semana con un punto en casa, una victoria que nunca había conseguido en la historia del club y un lugar entre los cuatro primeros del Oeste.
El primer capítulo fue el sábado 24, en el Shell Energy Stadium, ante Minnesota United y con 17.377 personas en las tribunas. Un 0 a 0 que no se parece al de otras veces. Houston tuvo la pelota, pero le costó llegar con claridad: terminó con diez remates contra diecisiete del rival y apenas uno al arco. El partido se sostuvo por atrás. Bond tapó cinco, la más vistosa antes del descanso, cuando se tiró bajo para sacarle un tiro a Kelvin Yeboah, y la más incómoda apenas arrancado el segundo tiempo, tras un contraataque por la derecha. A los 65', Ennali se sacó a dos defensores de encima y tiró el centro al segundo palo, pero el cabezazo del recién ingresado Duncan McGuire se fue apenas desviado. Fue lo más cerca que estuvo Houston de ganarlo. Ben Olsen lo resumió sin vueltas después: elogió la actuación de Bond, destacó a la línea de cuatro y a los centrales, pero reconoció que faltó ritmo y urgencia en ataque, y que los equipos de abajo siguen sumando. Con el punto, Houston llegó a 48 y se quedó quinto por diferencia con San Jose.
El segundo capítulo fue el miércoles 28, en el Lumen Field de Seattle, un estadio donde Houston nunca había ganado. Y la historia se escribió con un guion que nadie hubiera dibujado. Seattle fue dueño de la pelota casi todo el partido, con cerca del 70 por ciento de posesión, veintiún remates, diez córners y un xG de 1,7. Houston, en cambio, tuvo una sola jugada clara, y la convirtió. A los 26', un córner de Bogusz, el pase gol número cinco de su temporada, encontró a Lucas Halter solo en el área, y el central empujó de cabeza el único gol de la noche. Fue en contra de todo lo que mostraba el partido, y por eso mismo vale doble.
El resto fue la película de Bond. Le tapó un remate de media distancia a Cristian Roldán a los 13', atajó con el pecho un disparo de Jesús Ferreira a los 41' y medio minuto después le sacó otro a Albert Rusnak. Ya en el cierre, cuando Seattle se tiraba con todo, una salvada sobre la línea a un cabezazo de Paul Arriola le negó el empate a Snyder Brunell, que ya se preparaba para el toque final. Seis atajadas, la valla número trece de la temporada para el equipo, igual al récord del club que se había marcado en 2007 y en 2023. Halter casi hace el segundo a los 65' con un tiro libre de Bogusz, pero Seattle lo despejó justo antes del remate.
Habrá quien diga que fue un triunfo con algo de suerte, y es cierto que Houston sufrió, que defendió mucho y que atacó poco. Pero ganar así, con un equipo sólido, un arquero en su mejor versión y la pelota parada como arma, es lo que suelen hacer los equipos que pelean por algo grande en octubre. Y el contexto lo confirma: con este resultado, Houston se metió entre los cuatro primeros del Oeste, igualado en puntos con St. Louis, que es tercero, y a tres puntos del segundo puesto. Seattle, en cambio, cayó al octavo lugar, apenas un punto por encima de la línea de clasificación con dos partidos por jugar.
La lectura es doble. La buena: este equipo ya sabe ganar sufriendo, y eso en playoffs vale oro. La que queda pendiente: el ataque necesita volver a encenderse, porque no se puede depender siempre de que el arquero rinda al máximo y de que una pelota parada alcance. Mientras tanto, la mesa está servida. Queda el domingo 1 de noviembre en Portland, otro viaje largo, y después el cierre de la fase regular. Cada punto que se sume puede significar la diferencia entre arrancar los playoffs en casa o salir a buscarlos de visitante. Vamos a ver lo que se viene.

