El desierto no perdona
(image via Houston Dynamo FC)
Houston llegó a Sandy con el pecho inflado. Tres días antes había goleado 4-1 al LAFC en Los Ángeles, y el equipo de Ben Olsen venía de ganar seis de sus últimos siete partidos en todas las competencias. Buen momento para llegar al desierto de Utah. Malo para confiarse.
Olsen administró el desgaste como pudo: los tres Jugadores Designados arrancaron en el banco. Era lógico. Era razonable. Y en el primer tiempo, casi le salió bien.
El Dynamo fue el mejor equipo durante 45 minutos. Lingr le quemó las manos a Cabral desde afuera. Markanich se perfiló, disparó y el balón se fue rozando el poste. McGlynn y Lingr volvieron a probar al arquero brasileño antes del descanso. Cuatro llegadas claras, cero goles, y el marcador en blanco. Había mérito, había juego. Faltaba el gol.
Y cuando no convertís tus chances, el fútbol te cobra.
El segundo tiempo fue un derrumbe en cámara lenta. RSL salió con Diego Luna desde el arranque y cambió todo. En el 49, DeAndre Yedlin tiró un saque de banda largo al área, Franco Negri —en su partido número 50 en MLS, dato que nadie festejó— cabeceó hacia atrás sin querer, y Duane Holmes, el mismo que había golpeado el poste soñando con un gol, terminó empujando el balón a su propia red. 1-0. El fútbol siendo fútbol.
Lo que vino después fue obra de un pibe de 19 años llamado Zavier Gozo. En el 57, una combinación perfecta con Yedlin y definición al palo corto. En el 64, un pase filtrado de Spierings y otro gol, frío, preciso, sin piedad. Doblete histórico: el jugador más joven en marcar dos goles en un partido en los 22 años de historia del RSL. Una noche para él. Una pesadilla para Houston.
Tres goles en 15 minutos. Partido terminado.
Olsen fue claro después: “No somos suficientemente buenos para no estar al cien por ciento en cada momento del juego. El segundo tiempo no fue suficiente, y eso me lo llevo yo.” Sin vueltas. Lingr también habló con la cabeza fría: “Tenemos tres partidos muy importantes antes del parón por el Mundial. Vamos a hacer todo para ganarlos.”
La derrota corta una racha importante, pero no hunde al equipo. El sábado llegan los Vancouver Whitecaps a Shell Energy Stadium. El martes, viaje a St. Louis por los cuartos de final de la U.S. Open Cup. No hay tiempo para lamentarse.
El desierto cobró su peaje. Ahora toca responder en casa.

