(image via Houston Dynamo FC)
El Dynamo cerró su gira por el Noroeste con un sabor agridulce. El miércoles había ganado por primera vez en la historia en Seattle. El domingo, en Providence Park, ante 29.036 personas y un Portland que se jugaba la clasificación, perdió 3 a 1 y cortó una racha de cinco partidos sin caer. Dos partidos, tres puntos de visitante y una derrota que dejó más preguntas que respuestas.
Antes de que rodara la pelota, ya había malas noticias. Jonathan Bond, la gran figura de la temporada, fue sacado del equipo después del precalentamiento por una molestia de último momento, y su lugar lo ocupó Blake Gillingham. Según un reporte, la lesión todavía se está evaluando, y con Jimmy Maurer también fuera por un problema de espalda, el club se quedó sin sus dos arqueros principales. A eso se sumó otra ausencia pesada: ni Guilherme, que participa en casi dos de cada tres goles del equipo, ni Héctor Herrera estuvieron entre los activos. Y como si faltara algo, Franco Negri tuvo que salir a los 36’ y fue reemplazado por Duane Holmes.
El partido lo abrió Portland a los 25’, con un remate cruzado de David Da Costa tras un pase de Vincent Janssen. El Dynamo apenas generó peligro en el primer tiempo, y su jugada más clara fue un remate de Ennali que se desvió y pasó por encima del travesaño. A los 65’, Kristoffer Velde definió, otra vez con pase de Janssen, y puso el 2 a 0. Houston no se rindió y a los 71’ descontó con un gol que nació de una presión alta bien ejecutada: Samassékou interceptó, Duncan McGuire, recién ingresado, la dejó para Agustín Bouzat, y el “Chiqui” definió de zurda al segundo palo. Pero siete minutos después, Janssen ganó de cabeza un córner de Da Costa y selló el 3 a 1.
Los números confirman lo que se vio. Portland remató 18 veces contra 8 de Houston, y puso seis tiros al arco contra uno solo del visitante. Gillingham, que tuvo que ser titular a último momento, hizo tres atajadas de mérito: una a quemarropa sobre Da Costa antes del primer gol, otra a Ariel Lassiter a los 47’ y una más a Omir Fernandez a los 89’. Con el partido ya definido, el 3 a 1 no refleja del todo su trabajo.
Lo más interesante vino después, en las voces. Ben Olsen no se escondió: dijo que el equipo no estuvo en su mejor nivel en varios aspectos y que se lo vio “pesado”, una palabra que dice mucho. Explicó que el equipo había dejado mucho en el partido de Seattle, que para el domingo fue con un grupo parecido y que, quizás, el partido le importó un poco más a Portland. Aun así, el técnico hizo un balance positivo de la gira: llevarse tres puntos del Noroeste le pareció un buen saldo, y se mostró entusiasmado con lo que hizo el grupo en los dos partidos. Para el cierre, prometió ir con todo y dejó claro que la mentalidad había sido la correcta, pero que el resultado no acompañó.
Bouzat, autor del único gol, coincidió con el diagnóstico desde adentro de la cancha. Contó que el gol fue fruto de la presión alta que vienen trabajando, algo que remarcó como importante, y admitió que se sintió el desgaste de Seattle. Pero también miró hacia adelante: dijo que terminar con localía en los playoffs sería clave, que hay que cerrar fuerte en casa, que todavía hay aspectos para mejorar, pero que el verdadero potencial del equipo se va a ver en los próximos partidos. Y les pidió a los hinchas que sigan confiando.
Ahí está la clave que se desprende de las declaraciones. Tanto el técnico como el jugador hablaron de cansancio, y Olsen reconoció que fue con un grupo muy parecido al de Seattle, apenas cuatro días después. Por eso, la lectura para el futuro es doble. La buena: el grupo mantiene la confianza, el diagnóstico es claro y el propio equipo entiende que lo que viene importa. La que preocupa: Houston depende de pocas piezas, y cuando faltan o se cansan, el nivel baja. Con Guilherme y Herrera de vuelta, y con un arquero confiable, este equipo es otro. Sin ellos, no alcanza.
El sábado 7 de noviembre, a las 6 de la tarde, el Dynamo recibe a St. Louis en el Shell Energy Stadium, en la Decision Day y la Noche de Agradecimiento a los Fans. Con 51 puntos y un récord de 14-10-9, Houston quedó quinto en el Oeste, igualado con St. Louis y a un punto del tercero. Terminar entre los cuatro primeros significa jugar la primera ronda, al mejor de tres, con localía, y para eso Houston, en la práctica, necesita ganar: según la prensa de St. Louis, a ellos les alcanza con un empate. Portland, de rebote, saltó al octavo puesto y se metió en la pelea por clasificar. Un partido a todo o nada, en casa y con la gente. Vamos a ver lo que se viene.

