Sin nueve y sin respuestas: Houston regaló cinco puntos en casa
(image via Houston Dynamo FC)
Hay películas que arrancan como un festejo y terminan como un thriller con el protagonista mal parado. Houston filmó dos en Shell Energy Stadium, dos sábados seguidos, y en las dos el final lo escribió otro.
El primer capítulo fue el 19 de septiembre ante Cincinnati, y durante 50 minutos pareció un guion de manual. Guilherme abrió la cuenta a los 38’ con un tiro libre que rodeó la barrera, su gol 14 del año, y con eso llegó a 22 participaciones de gol, un récord en la historia del club. A los 50’, una sociedad entre Guilherme y Ennali terminó con Bouzat derribado en el área, y Bogusz, desde los doce pasos, puso el 2 a 0.
Pero Cincinnati movió tres piezas a los 54’ y el partido cambió de dueño. Bond, con seis atajadas, y una salvada de Halter sobre la línea sostuvieron la ventaja hasta que Bryan Ramírez, uno de los que había entrado, descontó a los 73’. Ya en el tiempo agregado, un penal por falta de Bogusz sobre Mboma Dem, que Denkey convirtió, selló el 2 a 2 en el minuto 97.
Ahí aparece el primer interrogante para Ben Olsen. Con Cincinnati ya empujando, su primer cambio llegó recién a los 64’, y fue Samassékou por Bouzat, justamente el que había provocado el penal. Los otros dos llegaron a los 81’, cuando el descuento ya estaba en el marcador, y a Guilherme, su único generador de juego, lo sacó a los 94’ para meter a McGuire, tres minutos antes de que se cobrara el penal. El propio Olsen lo reconoció días después: ganando 2 a 0 de local, hay que cerrar el partido.
El segundo capítulo fue la Noche de México, con 18.565 personas en las tribunas y un rival de esos que se marcan en la agenda como tres puntos seguros: Sporting Kansas City, el último de toda la MLS, un equipo que llevaba 25 partidos sin dejar su valla en cero, la peor racha en la historia del club.
Pues a los 27’, André Luiz puso el 1 a 0 tras un pase atrás de Afrifa, y sobre la hora del primer tiempo Harris empujó el 2 a 0 con otra asistencia de Luiz. Antes del descanso, Herrera se fue expulsado muy infantilmente tras una pelea con Calheira, en la noche que homenajeaba a su país.
Con diez, Houston fue más que su rival: 22 remates contra 10. Pero apenas cinco tiros fueron al arco y ninguno entró. Guilherme probó con un tiro libre a los 66’ que Cleveland sacó con una volada y Antonio Carlos cabeceó cuatro minutos después. Lyle Foster debutó a los 72’ y McGuire entró a los 82’. El primer delantero centro de verdad apareció cuando quedaban 18 minutos.
Y ahí está el problema de fondo. En ninguno de los dos partidos Olsen puso un nueve de entrada. Con Ponce ya en el Elche y Foster recién llegando, que sumó unos pocos minutos pero se lo ve muy fuera de forma, armó dos equipos sin una referencia en el área, con Bogusz y Guilherme haciendo de todo, y con Aliyu, Bouzat y Ennali dando vueltas alrededor.
Resultado: mucho toque, mucha llegada y nadie que la empuje adentro. Es cierto que Herrera se fue expulsado con el partido ya 0 a 2, una imprudencia que no se le puede cargar al técnico. Pero el planteo ya había dejado a Houston perdiendo de local contra el peor del torneo antes de la roja.
El saldo es incómodo: una sola victoria en los últimos siete partidos, y Houston cayó al cuarto puesto del Oeste con 44 puntos, seis menos que Vancouver (con un partido menos) y con St. Louis pisándole los talones. La mejor temporada en la historia del club sigue en pie, pero se está escapando por la puerta más incómoda: la de los puntos que se regalan en casa.
Viene el parate por fecha FIFA y después dos viajes: Minnesota el 10 de octubre, sin Herrera por suspensión, y San Diego el 14. Hay tiempo, pero no tanto. Olsen tiene que decidir si Foster y McGuire pasan a ser titulares y si el equipo vuelve a ser el que cerraba los partidos. Vamos a ver lo que se viene.

