Houston ganó la remontada, Perdió el partido
(image via Houston Dynamo FC)
Hay partidos que se pierden y duelen porque nunca estuviste en ellos. Y hay partidos que se pierden y duelen de otra manera, más honda, más lenta, porque sí estuviste. Porque incluso llegaste a creer que eran tuyos. El Texas Derby del viernes por la noche fue de esos.
El primer acto: el guion que nadie pidió
Dallas no esperó presentaciones. Logan Farrington recibió un balón largo de Shaq Moore, lo bajó con convicción y lo metió al fondo al minuto 6. Houston todavía acomodaba los pies. Ocho minutos después, Herman Johansson habilitó al mismo Farrington con un corte desde la línea de fondo y el ariete completó el doblete: 2-0. El Toyota Stadium retumbaba. El clásico texano, con El Capitán en juego y el historial apretado, se estaba escribiendo solo para el lado local.
Héctor Herrera hacía su primera titularidad de la temporada. No era la noche que nadie había imaginado para él.
El segundo acto: cinco minutos que van a quedar escritos
Pero entonces ocurrió algo que vale la pena leer despacio.
Minuto 29. Guilherme interceptó un pase errado de Michael Collodi, el portero de Dallas que salió mal del arco, y con una curva baja y precisa lo mandó al fondo. 2-1. El brasileño lleva cuatro goles en cuatro partidos. No es una racha. Es un estado.
Dos minutos después, en el 31, Guilherme puso el córner exacto para que Erik Sviatchenko cabeceara al segundo palo con potencia y temple. 2-2. Segundo gol en su carrera en MLS. El danés apareció como si supiera que le tocaba.
Y al 33, otra vez Guilherme. Esta vez fue el arquitecto: un pase diagonal que rompió todas las líneas, que encontró a Lawrence Ennali en movimiento, que obligó al alemán a driblar a Collodi y definir al arco vacío. 3-2. Primer gol de la temporada para Ennali. Segunda asistencia para Guilherme en la noche.
Tres goles en cinco minutos. Houston había dado vuelta un 0-2 en campo rival, en el clásico, con una ráfaga que el fútbol no regala muchas veces.
Jonathan Bond incluso cerró la primera mitad con una atajada al ángulo para sostener la ventaja. Todo apuntaba al descanso más electrizante que Houston había vivido fuera de casa en mucho tiempo.
El tercer acto: cuando el partido cambia de manos
El fútbol tiene una manera cruel de equilibrar sus propias cuentas.
Al 54, Petar Musa llegó hasta la línea de fondo, puso el centro y el balón se metió en el arco con el cuerpo de Duane Holmes. Inicialmente anulado por offside, el VAR corrigió la decisión: 3-3. El empate no llegó por una jugada de categoría. Llegó por uno de esos momentos en que la pelota decide sola dónde quiere ir.
Houston todavía podía sobrevivir al empate. Lo que no pudo sobrevivir fue el minuto 68.
Sviatchenko vio la segunda amarilla por una falta en mediocampo. Se fue. Y con él se fue también el equilibrio del partido. Los últimos 22 minutos, el Dynamo los jugó con diez hombres, sosteniendo la igualdad con Bond como último argumento y con la resistencia como único plan disponible.
Al 82, Bond se volvió a lucir con una atajada a ras del piso sobre Musa. El marcador aguantó. Por cuatro minutos más.
Al 86, Joaquín Valiente cruzó desde la izquierda del área y Musa, el mismo Musa que Bond había negado minutos antes, empujó el 4-3 desde el punto penal. Punto de quiebre. Houston todavía rozó el empate en el descuento cuando Ondřej Lingr conectó un cabezazo fuerte, pero Collodi respondió con un reflejo salvador. El reloj cerró la herida antes de que Houston pudiera reabrirla.
Lo que queda
El marcador dirá 4-3. Los números dirán que Dallas terminó con siete remates al arco y Houston con cuatro, con 55-45 de posesión para los locales. Pero los números no capturan lo que realmente pasó en Toyota Stadium.
Porque Houston hizo la remontada. La hizo de verdad, con calidad, con velocidad, con una ráfaga que ya tiene lugar en los libros del club. Guilherme volvió a ser el jugador que arrastra al equipo cuando el partido se pone cuesta arriba, Sviatchenko respondió en el momento exacto y Ennali se estrenó en la temporada con un gol de esos que se celebran dos veces.
Pero en un Texas Derby, como en los partidos que importan, las remontadas no se pagan solas. Se sostienen. Y Houston no pudo sostener esta.
La expulsión de Sviatchenko fue el punto bisagra. Con diez, el partido se transformó en otro partido, uno donde la lógica ya no jugaba del lado naranja. Bond lo retrasó todo lo que pudo. No fue suficiente.
Ahora el Dynamo se sienta en la pausa internacional con seis puntos en cinco jornadas, noveno en la Conferencia Oeste, con la imagen de una remontada brillante que terminó siendo una derrota. El fútbol tiene esa costumbre. No siempre premia lo mejor que se jugó. A veces premia lo que más se sostuvo.
El 4 de abril llega Seattle al Shell Energy Stadium. Houston tendrá que decidir qué hace con lo que aprendió aquí.
Porque este clásico dejó una lección que duele más que la derrota en sí: a veces no basta con ganar el mejor tramo del partido. Hay que ganar también el último.

